miércoles, 30 de abril de 2008

Blogeando na más




Dicen que la ociosidad es la madre de todos los vicios y creo que es verdad. Tratando de escapar de ella, fue que me encontré con esta forma de evadir mis vicios, ya sean físicos o de carácter, compartiendo al mismo tiempo la persona que soy, y lo que escribo, que en su mayoría es poesía. Por lo pronto, lo que vale la pena saber de mi, es que defiendo todos los puntos, ondeo la bandera del no sé, en tanto encuentro de nuevo un punto de vista más valido por el cual luchar. En conclusión, soy lector de todo autor que me atrape, político ambidiestro, anti-gringos con buenos amigos nacidos en el país vecino, que ha viajado en el último año a las tierras imperialistas, y que lo ha disfrutado… eso si, no es que sea una persona tibia, o que no sabe defender lo que siente, ESO NUNCA, simplemente soy una persona que ha aprendido a salir de si mismo, escapando de su necedad, para ver que casi todos los puntos de vista tienen una razón que defender, tanto como una que ignorar. Espero disfruten algunos de mis textos… cualquier opinión en este sitio es bienvenida, así como las obras de aquellos que tomen este espacio como foro para mostrar sus creaciones.

























Boca del Cielo, Chiapas. por José Antonio Elo



Boca del Cielo, Chiapas. por José Antonio Elo
























POESÍA DE CABEZA 2



Me sorprendo con los ojos perdidos en las ganas
de arrancar a arañazos la piel de la gente que pasa caminando a mi alrededor.
Arrojar mis puños, mis pies, mi cabeza,
todo mi cuerpo contra las entrañas mismas del que se atreva a mirarme;
y extirpar de un alarido el alma de cualquier valiente que me ataque con su voz.


Me encuentro arrojando palabras al vacío
con la tinta que más valdría si fuera mi sangre.
Mis manos son ya un eterno tiritar de ansiedades,
mis ojos, dilatados, se secan,
mi cuerpo a instantes de cristal se desploma.

Es el miedo a pensar,
el miedo a aceptar mis ideas
como se aceptan las realidades
cuando no queda sino aceptarlas.

Al final no hay más que la muerte que no escapa,
que escurre entre mis dedos,
que cuelga clavada de mis parpados
sangrando mis lagrimales.

Mi palabra nunca será mía,
como no era yo el que se derramó de ala a ala
deshebrando el cuerpo pulmón a pulmón
sobre el engañoso dulce descansar de la piel en el amor.

Nunca fui yo en ese lugar de paz,
no fueron mis manos,
nunca fue mi voz.

Soy simple sabor a tierra,
un abundante mareo en el continuo respirar.

El vino no es más que el vino,
palpita en mis sienes,
palpita en mis vísceras,
palpita como la incertidumbre,
como los innombrables deseos
de hundirme las garras en el pecho
y sangrar lo suficiente
para embarrar a la cuidad entera de este llanto
que sin forma se marchita.

El tiempo se escurre entre las horas,
el día, la noche,
de otoño a primavera.

El tiempo desgaja el alma paso a paso,
tiene su ritmo en la mente
recordando horas en minutos.

¿La realidad es realidad dentro de mí,
en donde no sé aún ser yo,
o es realidad en el maquiavélico deslizar de las manecillas?

Dios dio absurda forma a mi educación,
me mira,
espera agazapado el valor que no tengo.

Conoce esta realidad en este tiempo,
que no es más que la convicción que entendemos de un instante.

Dios sabe,
creó la serpiente voraz que viaja por mis venas,
nos dio el mundo y nos abandonó al peso intacto
de nuestra capacidad de ser humanos.

Esta capacidad que hoy florece como nunca,
en un día de lluvias.

¡Soy yo el que concibe a partir de estas pupilas!
Soy yo sin nombre y sin más lugar que este universo
que se desploma lento al paso de mis pies.

El mar se estrella al tacto
sus astillas de colores se encajan en mi rostro.

Estalla en mis oídos una ola,
mi saliva corre con su espuma,
mis suspiros se ahogan perdiéndose en el fondo.

Habrá que dejar de respirar
hasta olvidar cómo hacerlo.

Dejar de intentar aprender a amar
hasta olvidar cómo intentarlo,
corriendo el peligro también
de olvidar que el alma sangra con el llanto.

Habrá que arrancarnos las uñas poco a poco,
clavarnos alfileres en los ojos,
masticar brasas al rojo vivo.

Renunciar al ser que no somos
encontrándonos doblemente perdidos,
aún de pie,
sobre esta vida
que dulce me abraza hasta estrangularme
partiendo mis huesos.

Un animal crece dentro de mí,
exige seguir su naturaleza.

¿Soy yo el que concibe a partir de estas pupilas?

Se pudre el aliento encerrado en mi voz,
liberado se lo lleva el viento.

No soy yo,
lo he dicho ya.

No son mías las ganas de mojarme de lluvia,
no son mías las ganas de vivir estas veinticuatro horas
que fácilmente podrían ser cincuenta y seis días,
cinco años y medio,
contando el año a partir del cinco de febrero,
derramando los segundos por los poros de la piel.

¿Qué más dan veinticuatro horas
cinco años
o empezar a las doce y luego a la una en el primero de enero?

No soy yo tanto como nadie es más
que la creencia de ser,
en la concepción misma de cada cabeza en su universo.

El pasto es pasto
aunque no todo el año sea verde.
Los árboles son árboles
aunque no sepamos darles una identidad propia,
y siga el de la banqueta luchando contra el concreto,
el durazno dando duraznos,
y todos dándonos el aire.

La música da un lugar a mis manos,
da un lugar a las ideas mismas
que han estado explotando,
escurriendo por mi rostro
desde el despellejar de mi aliento.

Todo descansa en algún lado
aunque nada tenga un lugar.



Alfonso Grande García.




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